25/05/09

El verdadero virus


El gran vientre está enfermo, la Madre ha sido infectada y es su derecho recuperar la salud.

Pocos años de incubación, y ahora la fiebre, el sudor y el edema sintomatizan su mal.

Arde y alucina, se retuerce en escalofríos y se prepara para luchar contra el cáncer que le desaparece su verde cabello, le agrieta la piel y seca su boca.

Su voz quejumbrosa se apresta a tosernos para volver a tomar aliento. Lágrimas ha vertido y aun su abrazo no cesa, tampoco nos niega su canto de amor ni su insuperable belleza.

A tus pies sumiso, heme aquí sometido a la muerte inminente por devolverte tu bienestar.

Adiós Madre, perdón por el desamparo y gracias por el divino regalo de haberte acariciado y en ti verme reflejado.

¿Qué hemos hecho hermanos?, ¿Cuándo dejamos de ser hijos para convertirnos en plaga?

Vuelvo a ti Vientre azul, cuando así lo quieras, para sumirme en tu esencia y volver a nacer de ti, quizá con otra conciencia.

¡La Madre ha sido infectada y es su derecho recuperar la salud!

Mi último gesto de Amor será entregar con valor la vida de sueño que me has prestado.

Vive Madre, Vive Vientre, Vive Tierra, Vive, Vive por mi,
pues ya nosotros tus hijos no pudimos vivir para ti.

17/05/09

Bienvenido


Don Mario ha muerto. Pasa de inspirado a inspiración. Bienvenido, le dice ahora la verdadera Vida. Ha logrado pasar completo a través de los entresijos que descubrió y reveló en sus obras magníficas.

Cuando un poeta muere, celebramos su nacimiento.

¡Salud! Don Mario, bienvenido a todos.

23/03/09

Lucidez agobiada


No me busquen entre los muertos, que aun desde mis exilios los suspiros me brotan y la cantera de sueños se yergue prolija.

No me lloren las ausencias, porque aun escucho sus ruegos y preparo mis pasos para el regreso.

No me tengan pena, que las libertades me invaden, y celebro los días porque son días y porque contienen estrelladas noches.

No me crean en soledad, pues me acompañan las musas con su piel de piano, prestas en mi pensamiento a que les recorra el alma con las coreografías de mis dedos.

No me siento cansado, sino pleno de apreciación y consciencia durante mis horas de ocio retozando con el presente, preparando con su consejo mis inevitables nupcias con la muerte.

No estoy distraído, solo soy libre en un mundo de terribles cercanías, ni estoy dormido aunque lo parezca, solo me place contemplarme a mi mismo, y buscarte en el confín de mi alma… para tender mi tienda junto al fresco oasis de tu abrazo, y habitar allí hasta el final de los tiempos.

No crean que ya he muerto, ni que ha cesado mi respiración, es solo que vuelvo donde me aman, es solo un regreso a tu pecho.

Tampoco crean que regreso, más bien nunca me he ido. Sigo aquí, alejado de la cordura, esperando lluvias para florecer.

15/03/09

Desde este cielo


Ya no creo en las tentaciones. He caído con voluntad rendido ante el implacable peso dulce de la suficiencia.
Tu amor me ha sosegado las tormentas de carne y hambre, y ha colmado mis mares de la suavidad que solo existe en la eterna música que se teje cuando convergen las dimensiones.
La armonía que has gestado sobrevive por si sola y con dos corazones, en el vientre conjunto de nuestro hogar sin paredes. Sobrevive sin dejo de duda, como las corrientes del Nilo azul, como el impulso vital del Universo, como la intuición pecadora del Hombre y la verdad de su salvación.
Tu paz, como la soledad a los inconscientes, me habita por completo, me rebosa,
me define y diluye entre completitud.
Tu existencia me hace simultáneo, convocado en tu sonrisa y en el brillo de tus ojos, evocado por tu sueño y por tu respiración.
Hace tanto que te amo, que las estrellas mismas han perdido memoria.
Más bien te amo desde que fuimos estrellas,
…y he de amarte hasta que volvamos a serlo.

07/03/09

La eterna brevedad de un día


Atardece en mi boca, cuando tu piel toma la parda textura de un ocaso, y mis besos de sol se ponen entre los ondulados paisajes de tus orbes.

Anochece en mis brazos, cuando se apaga el día de mis ojos y el abrazo se acurruca en la calidez de tu cuerpo. Y me toma el olor del millón de hogazas tibias que envuelve tu cuerpo, y me nutre el paladar tu sabor a color, música y poesía.

Amanece en mi vida, cuando se abren tus ojos, despiertos manantiales de los que bebo alboradas y fecundo mi resurrección.

La vida adquiere sentido porque sos y cuando estás.

Mi vida es uno de tus días,... o quizá son tus días los que me dan la vida.

17/02/09

Siempre el último



¿Saben?, escribir un blog puede ser la experiencia más solitaria del mundo.

Me parece que se trata de lanzar un grito esperando escuchar ecos, me parece un contradictorio intento por desvanecer distancias. Me parece que escribir un blog es una jugarreta adivinatoria que en realidad contiene millones de plegarias, es como un sueño confuso en el que se vaga por un oscuro bosque de rostros imaginarios, voces silenciosas, distorsionadas figuras entre la bruma y un vacío cierto del que se percata primero la carne.

Escribir un blog me parece un síntoma de anorexia en los poros, una profusa hipotermia que se esparce conforme van desapareciendo los besos. Escribir un blog es, la mayoría de las veces, un acto de piedad consigo mismo, porque las letras que van y vienen toman el significado de los epitafios o los discursos funerarios cuando se quiere demostrar amor a presencias ya inertes.

¿Y si en el exilio del blog asoma la esperaza de convertir letras en abrazos?, … Horror, confusión, incredulidad y desconfianza.

¡No!, mejor amémonos en letras, glifos, signos o escudos, besémonos las pantallas y acariciémonos las mascaritas -dice la mayoría-, porque la soledad es una discapacidad a la que hay que reponerse, y la autocompasión crea dependencia.

¡No! –insistirán- porque de eso no trata este juego, mejor que hablen los dedos con la velocidad que quieran, porque su habilidad les permite mentir planificadamente. ¡Mejor huir y evitar la experiencia del verdadero gozo!, porque el muro del teclado esconde o “protege”, y evita exponerse a la magnitud de la verdad cuando nos encontramos a nosotros mismos en los cercanos ojos de otro ser humano.

¿Y si vivimos y morimos en la virtualidad, guardando las “apropiadas” distancias?, … ¡Tampoco!, “algo” nos traiciona: La totalidad de la piel que no se acostumbra a las virtudes tecnológicas, la totalidad del alma que sigue creyendo en los abrazos y alimentándose de besos.

Creo que escribir un blog es tirar botellas con mensaje,

…pero yo no pido de vuelta otra botella.


Tratemos de no confundir el destierro con un hogar.

09/02/09

Lucidez


Recibe mi arpón despuntado
en tu herida trágica del génesis.

Rodéalo de fricciones
y cíñelo con musculares lenguas
en un perverso abrazo
de tu laceración pudorosa.

Engúlleme el aguijón
asestado en carnes y vacíos,
acométeme el sexo con besos,
enormes, sonoros,
profundos como una asfixia.

Bautízame el garfio romo
que ensancha tus grietas vivas
y píntalo de aguas internas
con tus ocultos óleos.

Recíbeme el profano arpón
que sacrílego acierta
en los lomos del pecado,
y erígeme así la hombría
con vestigios de sangre
en un lecho sin memoria.

Pero…
¿Acaso no es cobardía
la inanición del corazón?

Pausa y lucidez…
Culpa y perdón.

Perdón mujer
por el involutivo apremio,
por el desvarío que dura
la vida de los hombres.

Perdón mujer
porque el arpón es un arma
y tu sexo no es herida
sino un párpado más.

02/02/09

Cierta Ficción


Los solitarios saben que la noche habla, contemplan sus labios inflamados de nubes negras e interpretan las palabras que ésta difumina entre el aire espeso exhalado por las sombras. Se afirma que quienes entienden a la noche, siempre son solitarios, porque la obscuridad solo repite los rostros como si fuesen ecos de un mismo grito, inventa ciudades rasgadas y tiñe de carbón la piel.

Los solitarios suelen ser aulladores, melancólicos y adictos a los abrazos anónimos; suelen tener dolor en los pies, cicatrices en los brazos y un dejo de lividez perenne en la cara, las uñas y los labios, que dicho sea de paso, se les resecan de escupir plegarias muertas.

Los solitarios resultan ser excelentes nadadores en océanos de penumbra, se mueven con sigilo, atisban con pericia y huyen siempre más veloces que la luz. Quizá los solitarios son muertos, pero como la vida es voluntad, reviven una y otra vez cuando la turbia majestad de las tinieblas les tiende la mano y les invita a bailar… y no es casualidad que la noche baile tango.

Quizá son muertos, porque de miedo son sus bocanadas, pero al haber pasión en el miedo, regurgitan temeridad y arrojo, auto abandono y dosis de osadía con un ligero tufillo suicida. Quizá son en exceso terrenales, anclados, viscosos y lentos. Quizá murieron sólo porque olvidaron volar.

La noche existe para jugar con ellos: Les esconde los sueños, los hidrata con lágrimas y los distrae con sombras. La noche ama a los solitarios, les seduce, les moja, les liba la espalda con lenguas frías, les muerde con ceguera los pechos, les excita y les entierra… les abruma el pensamiento, les disloca los huesos, les desgarra la consciencia, y ya hincados y exhaustos les besa en la boca. La noche les apuñala el corazón con la suavidad de una cosquilla. Les ahoga de vacío con su propio aliento y les exprime el alma con su lazo ancho y negro.

Y los solitarios también aman a la noche, ese reino bicolor de igualdad suprema que les entrega un infinito cielo, un manto seguro para enjugar los miedos y sofocar las horribles angustias con apariencia de girasoles. Paradójicamente, la noche siempre acompaña a los solitarios… los habita desde adentro. Les entumece las entrañas para que crezcan allí las malas hierbas… esas feroces caníbales que nunca mueren y que crecen entre las venas como enredaderas.

Figuras descarnadas, cabello revuelto, pupilas grandes, llanto presto y cadáveres como equipaje. La tragedia de los solitarios.

Ojalá sea siempre de noche… para que mi soledad se esfume.

26/01/09

"Del otro lado"


En un momento de desolación, hundió sus nudillos en la frente, y con los ojos sumidos en una brillante obscuridad, repasaba años en segundos, y, sospechosamente, sobresalían aquellos pasajes más angustiosos, desadornados con temor y pesar, con incesante insatisfacción y un eterno hedor a conflicto.

Hacía y deshacía canales en su cabello con las aspas de sus dedos, como si se pudieran cosechar ideas con las semillas de la traición a uno mismo. Respiraba por inercia de su anatomía inconsciente, porque sus ganas ya habían sido tragadas en un intento por despejar sus anudadas vías. Y el silencio,… estrujándole con la sensación y el ruido de los dientes mordiendo el hielo.

Y las razones,… se dibujaban en un fondo espeso como brevísimas auroras boreales, que ahuyentaban a cualquier amanecer. Y las verdades rasgaban su carne como navajas con sal: La verdadera indigencia es espiritual –decía con miedo-. Una vida es existencia zurcida de retazos débilmente cosidos, como una cobija con más vacíos y oquedades que resguardos ante el frío, es un abandono diario, constante, como el amargo beso de la sevicia. Una vida es parco exilio auto infligido con resignación, similar al último camino que emprende la agonía de los paquidermos.

La muerte puede vivirse cuando arrecia la indigencia del alma, cual aguacero copioso e intempestivo, pues no solo por muerte se esfuma el Hombre, sino también por soledad, y es que la muerte le hace invisible para los demás, pero la soledad le desaparece para sí mismo.

Cuántos días con sus noches, cuánta espera en una vida que escuece, en una existencia quimérica sostenida por máscaras y palabras. Cuánto tiempo compadeciéndose, cuánta imbecilidad acumulada por entregarse al capricho y la ignorancia de sus miedos con aspecto de personas.

Y el apego a todo, gestando cadenas con la celeridad de las infecciones, corrompiendo la perfección de la existencia.

¡Alma, despierta! – le apuraron-, que mañana es tu turno…

Al día siguiente nacía un niño en la Tierra.

17/01/09

El engaño de la soledad


Las penas le sabían presuntas, irreales, apenas sugeridas, sin embargo le pesaban como una torre de babel sobre las espaldas. La confusión se vestía de tempestad y golpeaba a intervalos su desprotegida consciencia, como lo haría una marea enfurecida, contra las costas vastamente frágiles.

Cómo aplasta algo invisible -se dijo entre vislumbres de lucidez-, cómo arremete contra la paz en brutal golpiza un gigante hecho de pensamientos.

Nunca la soledad le había respirado tan cerca, a pesar de los amigos y de la indiferente masa que constituía su filiación. Se sabía rodeado de miles,… pero la isla que habitaba no desaparecía, más bien crecía con cada abrazo mecánico, con cada árida sonrisa que convertía en estepa su bosque de anhelos. Nadie escuchaba cuando quería decir, y nadie decía cuanto quería escuchar, sospechaba que el abandono era premeditado y que los amagos de amor habían sido carnadas hacia su desgracia.

No había tenido noticias de la última persona a quien confió su corazón, ciertamente su habitación semejaba un museo, reteniendo recuerdos y tomando por rehenes a un millón de objetos, otrora causa de sus ingenuos suspiros.

El espejo lo culpaba, y los sueños se tornaban ponzoña intoxicando cada amanecer. El teléfono mudo, el correo vacío, la ropa triste, los ojos en fuga y el alma con sed.

Si tan solo sonara el teléfono yo renacería –repetía para sí-, porque alguien me habría recordado. Bendeciría su gesto –aseguró-, abrazaría su voz y sinceraría las palabras, y seguramente lloraría, porque quien le llamara habría salvado su vida.

Silencio de martillos, demasiado peso para ser llevado. Quizá nunca había entendido que el tiempo ataca a sus carceleros. Quizá nunca había reparado en que el dolor se alimenta de vida.

Sonó al fin el teléfono, el esperado ruido llegó como adivinando la urgencia. Bendito timbre salvavidas que repetía su coro hasta inundar la casa. Bendito timbre que hacía de su estridencia un canto, una celestial respuesta para quien había implorado por ella.

El teléfono sonaba insistente y él lo escuchaba, pero su más sentida imploración escapaba muda en una última lágrima, pues ya la cuerda se había tensado en su cuello y su respiración cesaba.

08/12/08

LA ERA DEL ALMA. Masonería y Humanidad


Todos hemos entendido que los símbolos y tradiciones de la Masonería se inspiran en Antiguos Misterios que datan de los albores de la civilización, y que tal bagaje se fue transmitiendo en tantos leguajes como pueblos han existido.

Hemos entendido que el objeto fundamental de los Misterios Antiguos consistía en enseñar a los Hombres la verdadera ciencia del Ser y guiarles hasta que percibiesen la magnificencia de su perfección, alcanzando así el estado crístico que trasciende la más venerable maestría.

Los Antiguos Misterios, trataban de santificar a los Hombres, iluminar sus almas y ponerles en condiciones tales que se volvieran a unir conscientemente con Dios, para ser Él y su Obra.

Tales Misterios decayeron por la ambición personal del sagaz sacerdocio y de los reyes despóticos. El egoísmo triunfante en los últimos tiempos del Imperio Romano había ahuyentado al verdadero espíritu de los Misterios, de los que no subsistía más que su forma externa, pero dichosamente, jamás se rompió la cadena de fraternidades –entonces justificadamente secretas- que enlaza la antigüedad con los tiempos modernos. De esos Antiguos Misterios desciende la Masonería Moderna, en su simbolismo, su ritual y su inspiración.

Ojalá, entonces, estemos cada vez más convencidos de que el lenguaje descriptivo del ritual masónico contiene un significado más profundo del que aparenta y de que en la simbología masónica subyace un conocimiento que, efectivamente, abarca las Verdades eternas del Universo, la Sabiduría más sublime de la cual surgen todas las respuestas.

La Masonería es, especialmente, la guardiana de ese cúmulo de conocimientos, y no debería, como ha dicho el autor Carlos Vail, “satisfacerse únicamente con poseerlos a imitación de sus predecesores, sino que, por el contrario, debería entrar decididamente en posesión de su herencia buscando en ellos la Antigua Sabiduría. Porque el confinar la interpretación de sus símbolos y leyendas a meras lecciones de fraternidad y de moral, como si se tratase de una religión exotérica más, es no comprender la profunda significación de los jeroglíficos y parábolas masónicos, y así, despreciar el verdadero secreto que ellos guardan”.

Porque he de recordaros que ese Secreto, que poseen y custodian los Masones, tan divulgado en la mitología urbana y tan vilipendiado en los profanos tabúes, existe, y es en ese círculo de iniciados que recae la responsabilidad de conocerlo, estudiarlo, practicarlo, vivirlo y heredarlo, para que sea cumplido el fin último de la augusta Institución que los reúne, a saber, el perfeccionamiento de cada ser humano para el perfeccionamiento de la Humanidad.

Os recuerdo que no es acertado divorciar la vivencia masónica individual del trabajo conjunto en Logia, pues tales ámbitos no son sino un complemento, una reciprocidad constante y activa, una vigorizante experiencia unívoca hacia la perfección a través del conocimiento, el estudio y la reflexión.

El conocimiento, se nos ha dicho, es el camino hacia la perfección. Pero ese conocimiento no se refiere a la acumulación de datos relativos ni a informaciones temporales, se refiere al conocimiento de sí mismos, porque quien se conoce, encuentra todas las respuestas. El camino a ese conocimiento no es una experiencia académica, ni siquiera la existencia misma. Ese camino es una decisión, una convicción, una forma de vida, pero una vida consciente.

Así entonces, ningún masón teme a la muerte, porque la muerte no acaba con la energía que le constituye, porque la inmortalidad del Alma que predica, le hace parte del Alma eterna e infinita que nos contiene.

El masón no teme a su grandeza ni a su divinidad, no teme a la perfección de sus obras ni a la omnipotencia de su espíritu, no conoce la huída cobarde ni la engañosa modestia, ante su condición de Dios creador, de Alquimista del Espíritu y transmutador de la realidad a partir de la fuerza de sus virtudes, primero sentidas, luego pensadas y al final manifestadas en palabras y acciones.

El masón comprende que le es propio concebir el mundo y el plano de la realidad según sea su mejor aspiración, su más grande idea de sí mismo, porque el mundo y la realidad serán para sí según su percepción, y para sus semejantes según su vívido ejemplo. El masón sabe el poder de la Consciencia; permanece imperturbable ante la realidad exotérica porque habita en otro Reino, donde es creada la Luz del pensamiento, donde se unen las polaridades, donde existe la Unidad y se gesta el Universo como experiencia refleja de sí mismo.

El masón vive su experiencia de pasiones y emociones con el dominio de su consciencia, transita por la humana existencia percibiendo la manifestación de las dualidades, sin olvidar el foco único de éstas. Siente el dolor como una maravillosa experiencia terrena y por tanto pasajera, experimenta la dicha como un fluido natural y constante. Piensa en la perfección y la decreta porque la energía del pensamiento consciente y la fuerza del verbo hace posible crear y transformar los Cielos y la Tierra.

El masón comprende su estado superior de consciencia y por tanto acepta la fugacidad de su permanencia en dominios inferiores. El masón muere antes de nacer, y la iniciación le resucita entre los elegidos para no temer ni morir nunca más. El masón no tiene expectativas sino pensamientos creadores, por tanto no experimenta decepciones, miedos, culpas o angustias, el masón no tiene vicios porque la materialidad le sobra, y en tanto, le carecen de razón los apegos y las dependencias. El masón encuentra su vida terrena como un gran juego de tantos espejos como prójimos hay, para suponer debilidades, limitaciones, vicisitudes, milagros, misterios, equilibrios, descubrimientos, necesidades y dogmas; encuentra su vida terrena como una aventura para explorar desde una perspectiva de individualidad las virtudes y las indignidades, los estados elevados de Consciencia y las imperfecciones humanas, los efectos de ello en la generación de la Luz y de la Obscuridad.

El masón se comprende a sí mismo como una explosión de luz, un foco consciente de decisiones en total armonía con el fluir de la Vida, un emisor de completo entendimiento y, en tanto elegido e iniciado, un potencial Dios, completo, perfecto y eterno. Un ser acabado y recreado cada día de su vida.

El masón reduce su tiempo al Ahora, porque el tiempo no es concebible de otra manera, sabe que anhelar el pasado o temer al futuro, es la manifestación de la duda y la inseguridad sobre el aprovechamiento del único momento real y total: El presente.

El masón ama en vez de querer, porque amar es dar sin recibir, mientras querer es necesitar y dar con esperanza, porque querer gesta expectativas y estas generan ilusión, temor, conflicto y dolor. El masón valora el silencio como medio para reconciliarse y recordar quién Es en esencia, valora la soledad porque se basta a sí mismo, y agradece la compañía porque le enfrenta al reflejo de sí mismo y al compromiso del perfeccionamiento.

El masón se ha quitado la venda de sus ojos, se ha levantado de entre los muertos para vivir eternamente, se ha transfigurado en un ser conscientemente perfecto y ha ascendido a un reino de Luz convertido en Dios. El masón es el Sabio simbolizado en sus rituales. Es el Gran Geómetra poseedor del conocimiento y ejecutor de su voluntad con el poder de las decisiones y las percepciones. Es el Gran Arquitecto que se construye a sí mismo y con él al Universo, es el inmortal que se sabe constituido de la energía viva y eterna que trasciende al tiempo e identifica a los dioses, es la estrella flamígera de la que parten el conocimiento y la guía. El masón ha alcanzado la salvación en tanto ya no mora en tinieblas y se ha erigido en Salvador del Mundo en tanto irradia su Sabiduría y lleva Luz a los que llaman, a los que piden, a los que tocan.

El masón es el alquimista que en el crisol del V.I.T.R.I.O.L. halla las respuestas para convertir el Plomo humano en Oro divino.

El masón, por vocación debe ser un iniciado en los Misterios Antiguos que le han de procurar conocimiento de sí mismo y por tanto del Universo entero, Sabiduría Superior para entender la Totalidad de su existencia, la Verdadera Realidad y la razón de su inmortalidad.

Os recuerdo que la iniciación es un renacimiento, una reinvención de sí mismo, una decisión para convertirse en el ser simbolizado, un despertar de la consciencia, una purificación de lo profano para ir a lo divino. La iniciación es un nacimiento místico, la iniciación es la muerte y la resurrección. Iniciación no significa consumación de algo, sino empezar algo. La Iniciación es la liberación del espíritu con la muerte y el renacimiento a la verdadera Vida. La Iniciación es la que nos identifica más allá de los rangos y las ocupaciones. La Iniciación es la angosta entrada al Paraíso de la consciencia, el inicio del constante camino hacia la Unión y el empezar a probar el alimento del Amor verdadero.

El acontecimiento culminante de los Misterios que nos inspiran y de nuestra Iniciación, es la conversión del Iniciado en Dios, ya sea uniéndose a la Totalidad Divina, o percibiendo conscientemente su manifestación desde la ilusión de la individualidad.

El fin de nuestra actividad es la investigación, el descubrimiento y la vivencia de esa Verdad eterna y todopoderosa. Esa Verdad tenida por Secreta, en la que el Hombre abre sus ojos para convertirse en Luz, abre su consciencia para convertirse en Dios, abre su entendimiento para convertirse en Creador del Mundo, abre su pensamiento para convertirse en Hacedor de milagros. Abre su corazón para que las experiencias terrenas entren impuras y salgan purificadas. Abre sus brazos para la Comunión con todos y así consigo mismo.

Es menester recordar que la Masonería es el vehículo del mismo conocimiento oculto, que la Sabiduría oculta esta encarnada en su simbolismo y ritos, y que, quienes poseen las claves secretas, pueden descubrirla, pueden vivirla y transformar al Mundo a partir de su propia experiencia y percepción.

Somos Uno, Somos Totalidad, Somos Dios experimentándose a través de la individualidad. Cada uno es Dios, es Todo y Uno con Todo. Cada uno Es Dios por la Consciencia de sus pensamientos y de sus actos, por el Espíritu que nos contiene y que contenemos, por la Energía Viva con que creamos y por el Poder transmutador de nuestra percepción: He allí el Secreto de la Sabiduría, la Verdad Sagrada y el Nombre sobre todo Nombre. He aquí el contenido del Arca, el Misterio revelado, la Piedra Filosofal, la clave de la comprensión del Todo. “Yo Soy”: es el nombre de Dios, porque Dios es existencia consciente, energía creadora y transformadora, Dios es Pensamiento, Conocimiento, Verbo y Acción, Dios es el constructor y la obra, es el Hombre y el Universo, es Todo, porque en Dios y para Dios la Separación no existe. Esa es la obra intemporal de la Unidad con Dios, de la No separación, de la eterna transformación de la energía con su fluir hacia la Gran Alma que lo es Todo.

Ay de aquel que siendo llamado, prefiera la corrupción de las palabras y el vacío de los conceptos. Ay de aquel que se llame iniciado y siga siendo ignorante, cobarde y sumiso. Ay de aquel que dude de sí mismo y busque respuestas sabias en dioses externos o materiales. Ay del que pisotee los tesoros heredados. Ay de quien se llame masón pero tema ser Iniciado.

Todos somos masones, en tanto somos constructores de nuestro templo personal y así del gran templo colectivo. Todos somos masones, en tanto somos alquimistas espirituales. Todos somos Dios, en tanto somos su obra y a la vez sus obreros.

Declaro iniciada la Era del Alma, en la que el Hombre vuelve su mirada hacia sí mismo, reconoce la temporalidad de su experiencia humana y busca la Luz, para aceptar y esperar con Sabiduría la Regeneración natural de los equilibrios universales.

Ya basta de Temor, de Terror, de Mentira, de Violencia, de Inconsciencia.

Es hora de evolucionar, ha enmpezado la Era del Alma.

22/11/08

EL FINAL


Para el final de la vida se quedan los recuentos, los inventarios de llanto y de carcajadas, la sumatoria de las libertades y las represiones, la despiadada compilación de lo dicho y de lo callado, de lo vivido y sentido, y de los días con sus ocasiones que quizá tan solo hemos atestiguado. Para el final de la vida queda el arrepentimiento que sabe y huele al descomunal vacío que deja un bosque volcado, queda una suerte de urgencia con nuestro nombre, que veloz nos sobrepasa, encalla y se ahoga ante nuestros propios ojos en un espeso charco de arenas movedizas. Queda entonces el arrepentimiento por lo que hicimos a sabiendas de la incomodidad de la verdad, esa vetusta madre que nos tatúa las culpas, o por lo que no hicimos, aun cuando conscientes y convencidos hubimos amordazado al corazón y sofocado su quintaesencia con intención criminal o con simple indiferencia, ambas, después de todo, comparten la letalidad de su efecto.

Y las preguntas llueven al final como presagios de una sentencia, las aguas de la esperanza se desbordan para aliarse a nuestra sed, y los caminos que nunca transitamos por consejo de la cobardía, regresan trocados en laberintos que, cual serpientes vengativas, esta vez se anudan en nuestro endeble cuello, porque en asuntos de vida no existen atajos, ni perdón posible para la cobardía.

El “ahora” se vuelve tóxico, escaso, difuminado y en caída libre, transformado al final en veneno, por imposible, irreal e inalcanzable, momificado en las tumbas del pasado, vertido sin usar en una fosa común donde dejamos pudrirse el tiempo. El virulento “ahora” con su marea de momentos idos, multiplica su seducción como lo hace la boca de la hermosa muerte y su eterno beso de sueño, acrecentando la agónica sed de vivir. Se realiza la alquimia de los instantes, y del plomo de su juicio humano, amanece un dorado destello que enceguece a la avaricia misma por existir.

Las oportunidades se desvisten de reflejos y descubren su desnudez formada de una sola encrucijada, un solo circuito interminable: Ser o no Ser, Fuiste o no Fuiste. Incontables los fantasmas mentales, la pavorosa imaginación intenta revivir, a precio de hadas y duendes muertos, mil y un cuentos con nosotros como demorados protagonistas. Es la desesperación del final, en quien ha desconocido el camino.

Cuando llega el final se abren los calabozos que suelen permanecer vigilados por lo vano, carcelero por excelencia, se desploman las prisiones construidas por el déspota que se atrinchera en la mente para contener a la vida, y escapan los reprimidos: abrazos, palabras, caricias, sensaciones, sueños y deseos, para arremeter convertidos en buitres que detectan el nauseabundo hedor del tiempo agonizante y predicen el peor de los finales: el suicidio por inexistencia, consumado día tras día.

Para el final es que esperan a parir las angustias, reproducirse los miedos e hincharse los apegos como un merecido escarmiento, bebiéndose nuestras sustancias en una última cena y desecándonos el alma antes que el cuerpo.

Para el final quedan los rezos como fertilizantes de la fe, quedan las despedidas a quienes siempre olvidamos dar las bienvenidas, quedan los apurados enjuagues de vida en quien ahora padece por deshidratación de amor. Quedan las ofrendas desteñidas por el llanto y el sabor acre de la compasión cuando se recibe con adioses.

Queda cortando y sin sopor, la quirúrgica cuchilla del ansia por regresar: a la concepción, a la consciencia, al olor, al regazo, al pecho, al arrullo, al juego, a la magia, a la canción, a la mirada, al susurro cardíaco, a la tibia almohada de piel, al manantial de besos, a la frágil posición entre la espada de cielo y la tierra por pared, al vértigo de los sueños que devoran al tiempo, al remedio del que nos nace la fe, al mundo de las preguntas, al vislumbre de Universos en las pequeñas cosas, al ungüento de aliento, al refugio de enaguas grandes, a los asomos de libertad, al hormonal “golpe de estado” del que germina el adulto para empezar a morir, al encuentro con el cuerpo, al misterio de la compañía y el milagro de la soledad, a la palabra y al silencio porque la palabra es silencio y el silencio es verbo, al oro del minuto y al plomo de la prisa, al volátil tesoro de la vida, que tanto crece y vale cuanto más se derrocha.

Al final queda, que aun queda el final. Queda la esperanza de que los ojos que leen este cuento aun puedan ver diferente al mundo, en su tránsito hacia el final.

Al final… el horizonte no es otra cosa que una invitación a caminar, como la muerte no es más que una invitación a vivir.

09/11/08

SOMOS LUNA


Cuando en el campo se ve a la Luna
las entrañas pálidas de la tierra
someten al alma
y destiñen los parcos dibujos del día
en un calmo abrazo del anochecer.

Cuando en el campo se ve a la Luna
viajan presurosas las plegarias
por un amanecer de cosechas,
que inyecte mieles en los frutos
y abalorios de colores en la curtida médula
del Hombre trocado en huerto.

Cuando el brillo de la Luna
se refleja en el sudoroso rostro
de una piel fruncida por aguaceros y soles,
se inquieta el Paraíso porque la voluntad es creadora
y los dioses arrugados incuban vida en semillas.

Cuando la Luna abona raíces
con el aliento de la mansedumbre
y exhala milagros albinos sobre los cultivos,
se vuelcan también las eras del Hombre
que transforma en labriego su espíritu.

Cuando la Luna cobija esperanzas
y se derrite en los sueños,
los Hombres se vuelven soles
que iluminan tiempos mejores.

Cuando el Hombre siembra
y entrega su obra a la Luna,
ésta le preña las manos
para que pinte la vida,
para que nazca en los frutos,
para que él sea su propia cosecha.

Hombre de campo es Hombre de Luna,
Hombre de Luna es una cosecha,
cosecha de Luna, de fruto sagrado,
Hombre de campo es cosecha de Luna.

16/10/08

Un cuento de esperanza


Si alguien puede afirmar haber visto a un pájaro triste, que por favor nunca lo diga…, antes dude de sus propios ojos.

Pasadas las tres de la tarde el cántico de los ecos y las campanas robustecía de aburrimiento a los incipientes ocasos en blanco y negro, el viento soplaba polvaredas para no morir en la calma y jugaba a ensuciar de arena las ventanas, y de paso procuraba que los pueblerinos escondieran su rostro y entrecerraran los ojos, con la intención de no contaminarles también el alma.

El ruido se agrietaba constantemente, y ampliaba como un diluvio la vastedad de la sequía, que vagaba a sus anchas perifoneando su discurso, recordándole a la gente, día y noche, que allí se prohibía el sueño. Las madres ya no cantaban, los padres ya no golpeaban la tierra y ésta había renunciado a maquillarse.

Breves estertores se desprendían desde diferentes casas, como respiros agónicos de las construcciones que yacían en un paisaje amortajado. Las velas también morían, y no necesariamente por el paso del tiempo, sino porque el fuego y la luz, como cualquier espíritu, suelen sucumbir por hambre.

Los días nacían con la misma voracidad y plenitud con que al final morían. Amanecer y anochecer era cuestión confusa porque siempre eran precedidos por una insoportable somnolencia. La esperanza, como las frutas, se había deshidratado por lo agreste del paisaje y el infernal desuso.

¿El agua?… Salobre únicamente, y escurriendo por las mejillas. Las palabras habían cedido ante el peso de las telarañas, y ahora sólo vagaban sus fantasmas, apenas visibles de cuando en cuando, a través de los rosetones enraizados bajo los párpados.

El aire olía a nada, como una suerte de síntoma de la invisibilidad. Todo sabía igual, a óxido quizá, por los paladares resecos y llagados, que igual hacían de mausoleos también al don de la palabra.

El tiempo no era más, porque no espoleaba a nadie, ya no habían esperas porque nada había de llegar. El pasado aniquilaba al presente en su propio territorio y se movía con el arrojo de un retrato, anclando las dimensiones, escurriendo perennemente como en procesión por duelo de la imaginación crucificada.

Un solo ser veía otra cosa, inmune a la sequía, o quizá la calamidad no existía para él. Un solo ser sabía que la realidad es percepción. Un pájaro igual trinaba para todos.

Si alguien ve a un pájaro triste, por favor no me lo diga, …porque entre tantas tragedias inventadas, hasta ese momento habré de rendirme.

29/08/08

Maquiavelo relativo


El fin justifica los medios cuando se trata de llegar con sinceridad al corazón de una mujer. Es válido entonces echar mano de la comprensión -pero no de esa que se concede, sino de la que se reconoce desde antes de ser ofrecida-, de los pactos de libertad –pero no esa libertad inexpresiva que suele mimetizar las cadenas-, de la admiración derrochada –pero no esa que espera ser retribuida-, del respeto -de ese gratuito ofrendado a la dignidad-.

Ema sabía que sus silencios no eran voluntarios, que su caminar por los días era inestable, que las ideas ya no eran esperanzas, y que las pocas palabras se habían vuelto ruidos.

Ema dormía para descansar, más ya no para soñar, comía para vivir, ya no para extasiarse, vivía para vivir, más ya no para ser, porque ser es pensar y sentir, mientras Ema había sucumbido al ensueño de su alma.

Con mil pretextos, Ema trataba de velar el vaho agrio de las penas, que amanecía con ella pintándole oscuridad bajo los ojos. Trataba de lavar con el bautismo matutino el olor del descalabro, de la rendición temida pero aceptada, trataba con sus abluciones de despojarse de los arañazos tatuados por el duende de la impotencia que le nacía de la respiración.

Se maquillaba de escape, y solía caminar tan rápido como le fuera posible para que la consciencia no le alcanzase, porque sabía que ésta trae consigo el tenso hilo con que estrangula tanto a cobardes como a sumisos.

Ema corrió, ciertamente, pero juega el tiempo a favor de la consciencia, y al final del camino, en su lecho de muerte, se dispuso a soñar, a ser y sentir, se permitió existir por un segundo, que tardó toda su vida.

Había llegado el amante a hacerle compañía, vertió libertad sobre ella, acurrucó su cuerpo hasta matarle la soledad, y le insuflo aliento a su dignidad para que volviera a vivir, … esta vez eternamente.